Las mujeres somos rebuscadas para todo. Para decirle al estilista el corte que nos queremos hacer, para elegir una remera, para probarnos zapatos, y hasta para votar.
Hacemos la fila y cuando entramos al cuarto oscuro para elegir la boleta, tardamos no menos de 15 minutos, nos tomamos todo el tiempo posible en elegir a quien votar y leemos todas las boletas.
Basta que alguna otra se queje de lo que se tarda en la fila para que todas empezemos a protestar. En cambio del otro lado del lugar o institución , la fila de los hombres es prolíja, organizada, silenciosa y ágil.
Porque será que hasta para ir al toilette se nos complica. Largas filas, media hora para acercarse al espejo o para poder maquillarse porque detrás tuyo hay 10 mujeres que no le dan el lugar a otras para hacerlo. Ni que hablar en el estado en que dejamos los baños.
Sí en un negocio de ropa hay una mesa de for sail o saldos, basta que una o dos se pongan a ver esa mesa para que las demás que estaban en otro sector del local se acerquen a la mesa, se arme un lío ya que varias quieran la misma prenda por horrible que sea.
Lo que esta claro es que siempre para lograr un objetivo por más simple que sea, nuestra mente lo exgera, lo complica, le da vueltas al asunto. Lo cierto es que esta particularidad femenina para algunas cosas es muy positivo y para otras un verdadero desastre.
Carla Caputo
domingo, 28 de junio de 2009
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